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Moby Dick
¡Por allí resopla, por allí resopla, por allí resopla!- gritaba el capitán, que se mantenía en pie en la chalupa, señalando con el índice el horizonte.
De repente, la canoa se paró en seco y el hombre por poco cae al agua. Habíamos encallado con algo metálico.
Del mar surgió un pez de hierro y de sus entrañas, abriendo una puertecita redonda, apareció un hombre con cara de pocos amigos:
- ¡Yo tenía preferencia!- gritó al mundo en general- Me habéis rayado el “Nautilus”.
- ¡Un carajo!- dijo nuestro capitán- Vamos en plena persecución y yo hacía de sirena.
Drácula
Un rayo creó la fugaz sombra de un tenebroso castillo, que pendía peligrosamente de un acantilado. las personas cercanas al lugar lo asociaban con el Príncipe de las Tinieblas, con un mal milenario, con Nosferatu.
Otro rayo iluminó el omnioso lugar y el trueno hizo aullar a un lobo. La luna apenas era visible entre las nubes.
Un observador atento habría apreciado que una de las ventanas estaba iluminada. Allí estaba el reumático Conde Drácula, con su pijama de borreguitas, cenando sopa de pollo. Su dentadura no es lo que era y el frío del castillo lo estaba matando. Pensaba en lugares más cálidos mientras echaban en la tele “Crónicas Rumanas”
Pinocho
A Pinocho no le molestaba que le saludasen
diciéndole “¿Qué pasa tronco?”, no. El verdadero problema iba a ser hablarle a
sus retoños de los Reyes Magos.
EL PREMIO
"La marmota de Siberia fue el agente transmisor de la peste bubónica en 1910".
Con este dato, Ezequiel González ganó el concurso de preguntas y respuestas
Demuestre que sabe y conviértase.
Cuando le pidieron que manifestara su deseo, Ezequiel dijo que quería ser
convertido en marmota siberiana.
- ¿No será para transmitir otra peste? –dijo, ocurrente, el conductor.
Ezequiel no respondió. La secretaria trajo la máquina. Ezequiel ingresó al
aparato y en segundos salió de allí una marmota con los pelos erizados.
- ¡Maravilloso! –exclamó el conductor.
La marmota se escabulló entre los cables y los pies de los camarógrafos.
DIEZ MINUTOS
A las doce y diez, su corazón se detuvo.
A las doce y nueve, escuchó la campanilla del teléfono.
A las doce y siete, evocó una cena en la que su padre había llorado.
A las doce y seis, sintió que su espalda se mojaba.
A las doce y cinco, vio una araña inmóvil en el cielo raso.
A las doce y cuatro, escuchó un grito: "¡Y la sal, Jorge, la sal!"
A las doce y tres minutos abrió los ojos.
A las doce y tres segundos cayó al suelo.
A las doce en punto apretó el gatillo.
Tal vez por eso
Tal
vez por eso, por la certeza de que ese hombre transparente, plegado en cuatro,
es también él pero no sólo él, se da cuenta de que es un sueño, tal vez por eso
no tiene miedo de saltar por encima de los pies degollados, curiosamente
limpios, de las víctimas, tal vez porque sabe que es un sueño, sólo un sueño,
tal vez por eso no se preocupa demasiado aunque tenga que sostener al bebé con
tanta fuerza que los dedos se hunden en la carne, diez orificios negros en el
cuerpito que pende desde el balcón como una bandera apagada, tal vez por eso qué
alivio recordar que es un sueño, nada más que un sueño, y de los sueños, tarde
o temprano, se despierta.
Pero está equivocado, por supuesto: es que el pobre pecador no ha dejado aún toda esperanza. Está equivocado y pronto lo sabrá. Allí será el llorar y el crujir de dientes.
Pescado en lata
Pescado en
lata que fue señor del mar, que fue sirena.
Vend-ETA
Al volverse, el terrorista se dio cuenta de que había explosionado el coche bomba frente a su juguetería favorita.
SATORI
Takuboku llevaba ya un par de horas pasando el rastrillo al jardín zen del monasterio: surcos de piedrecitas que eran olas, que eran cielo, que eran Infinito. ¿Infinito? ¿Aún eso seguiría siendo Engaño? Se enderezó y caminó hacia el estanque. Su reflejo parecía asustadamente confiado. Entonces preguntó: “Maestro, ¿cuál es el camino hacia Buddha?” Al instante, arrojó al agua uno de los cantos rodados del jardín. Mientras las ondas deformaban caricaturescamente su imagen, Takuboku sonreía.
Elogio nº1
Cortázar nos enseñó a apreciar las maravillosas relaciones del tocino con la velocidad.
Elogio nº 5: al cinturón-picha
A ti, distorsionador de lindes, subversor de los Antiguos Órdenes, adalid de la erección priápica y correlátex de la Viagra, Sancho Pincha, erógeno posibilitador del incólume mandato: DAD Y SERÉIS DADOS
Recibe en agradecimiento perpetuo estos versos del Poeta:
La princesita está triste,
Evoca nívea tu punta redicha.
Palmotea por alpiste
Su mullido cisne.
Te anhela líbida, cinturón-picha.
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